martes, 22 de mayo de 2018

Un Noob en 40k : Mis inicios, ambientación y podcasts


He decidido comenzar una serie de entradas siguiendo mi evolución en nuestro universo grimdark favorito, en parte porque me hace gracia reflejarlo como diario de a bordo, en parte por si hay algún otro noob por ahí con curiosidad.

Un marine espacial, el supersoldado
emblemático de este universo.
Como ya comenté en una entrada previa, mi contacto con warhammer 40.000 ha sido tardío. Comencé a coleccionar y jugar a warhammer fantasy allá por 2003 o 2004, mis amigos ya jugaban  y concordaba con mi gusto por la literatura de fantasía, por lo que sencillamente las “figuras feas de robots” no me llamaban en absoluto. Con los estudios universitarios abandoné las miniaturas y no fue hasta que me mudé a París que sentí la necesidad de un hobby donde pudiera desconectar de demasiado trabajo mental, volví a tomar los pinceles, y sólo los pinceles. Por supuesto una cosa llevó a la otra, terminé por crear este pequeño blog para participar un poco de la comunidad, también descubrí Frostgrave y me aficioné bastante ya que con su sencillez me ha permitido jugar con amigos completamente ajenos al mundillo. En septiembre del año pasado se me ocurrió buscar algún podcast de warhammer, pero para mi decepción no encontré ninguno de fantasy, comprensible visto que se trata de un juego muerto, aun así, encontré uno de warhammer 40k, ‘La biblioteca de Tizca’, dirigido por Helios y centrado en el trasfondo del universo. Le di una oportunidad por curiosidad y me enganchó. Después de eso leí las novelas de Eisenhorn, que durante mucho tiempo me habían recomendado algunos amigos. El enganche fue total, encontré en este universo una riqueza nada complaciente con quienes la habitaban, donde no existen buenos y malos sino una enorme gama de colores oscuros. Era ciencia ficción de una gran originalidad y muy viva. Creo que eso es lo que le ha procurado el éxito a Games Workshop, mantener un juego capaz de evolucionar y en el que los jugadores pueden introducirse gracias a los juegos de estrategia. La prueba también se encuentra la enorme cantidad de productos derivados de la marca, videojuegos, novelas y merchandising.

Después vino el podcast ‘La voz de Horus’, que conocí a través de ‘La biblioteca de Tizca’, y mi creciente interés por la historia del universo se topó con un grupo de amigos que de manera bastante profesional realiza todas las semanas un programa sobre su afición, no sólo ahondando en el trasfondo y regalando alguna que otra dramatización, sino realizando un seguimiento pormenorizado de novedades y reglas. Me picó el gusanillo: era el momento ideal para comenzar; además, la nueva edición, Octava, parecía bastante depurada y me ofrecía tanto cierta sencillez si finalmente me lanzaba a las mesas de juego, como un futuro donde la historia realmente evolucionara, lo cual garantizaba que mi interés se mantendría en el tiempo. Así fue como decidí vencer mi aversión por la empresa de Nottingham, que tras cargarse warhammer fantasy se había ganado todo mi odio, y darle una nueva oportunidad. El siguiente paso era elegir un ejército, pero de eso ya os hablaré en otra entrada.

Un ejército Aeldari marcha a la guerra

LA AMBIENTACIÓN

Warhammer 40.000 explora el 41 milenio en un contexto de ciencia ficción distópica denominado grimdark, este subgénero se caracteriza por presentar una realidad poco cómoda para sus habitantes. El Impero de la humanidad vive en una guerra constante y conforma una sociedad diseminada por la galaxia, las desigualdades sociales son extremas, el fanatismo religioso impregna cada circunstancia de la vida de un individuo, y la innovación tecnológica ha desaparecido, sustituida por una adoración de las maquinas elevadas al grado de reliquias. Esta humanidad se encuentra asediada por fuerzas demoníacas y extraterrestres que a su vez siguen sus propias historias y necesidades.

La riqueza del universo se encuentra en la variedad y en la original mezcla entre la space ópera clásica más barroca posible y el género espada y brujería impregnado de malditismo. El resultado ha sido este extraño universo al que merece la pena asomarse. Lejos de las superficies brillantes y bien pulidas de Star Wars, y a años luz de los pacifistas bienpensantes de Star Trek, el 41 milenio ofrece sangre, óxido, letanías en latín y muchas, muchas horas de entretenimiento.

El Emperador vs Horus, el conflicto más importante que define la historia de Warhammer 40k

Como nota final, si no conocéis los podcasts de los que os he hablado os animo a echarles una oreja, tanto si el inmaterium no tiene secretos para vosotros como si habéis llegado aquí de paso y este extraño universo os despierta curiosidad. Os dejo unos banners que os llevarán directamente a sus páginas de ivoox, donde podéis escuchar o descargar los programas de manera gratuita.





domingo, 15 de abril de 2018

Subcampeón en el V certamen de relatos Wikihammer y La voz de Horus


Me complace mucho anunciar que mi relato ‘Los designios de Cawl’ ha quedado en segunda posición entre los 65 textos presentados al V certamen de relatos organizado por Wikihammer y La voz de Horus, y patrocinado por Bandua Wargames, Surus Creations, TuTapete, y Xisco Filani.

Quiero agradecer una vez más tanto a los organizadores, a Lord Eledan por la coordinación, y a los jueces, especialmente quienes votaron mi texto, que en el recuento total se llevó dos platas y un bronce.

Os dejo con los veredictos que me atañen, las referencias, una sinopsis y un link para descargar mi relato en pdf.

VEREDICTOS

Hel Vaal, de Wikihammer 40k:
Plata: Los Designios de Cawl, de Borja Rivero. La muestra de este tema tan poco hondado metiéndonos en la piel de un soldado skitarii me ha parecido fabulosa, acompañado de un ritmo y un juego impecable.

Xandre, de La Voz de Horus:
Bronce: Los Designios de Cawl, de Borja Rivero. Su ritmo es excelente y te mete absolutamente en la narración.

Brottor, de La Voz de Horus y La Taberna de Brottor:
Plata: Los Designios de Cawl, de Borja Rivero. Muy buen punto de vista de un miembro del Mechanicus, una visión en primera persona con un buen toque de locura, desde el comienzo hasta el final, que representa que al final todos los “mech” se rinden a la voluntad y personalidad de Cawl, y todo el proceso que le lleva a ese estado. Bien escrito, el relato de los momentos de acción no es gratuito y cuadra con la idea general. No lo pongo como ganador porque el relato anterior me dejó mejor sabor de boca en general.

LOS DESIGNIOS DE CAWL
Borja Rivero


Sinopsis: Durante milenios el Culto Mechanicus ha formado sus ejércitos a partir de fanáticos mutilados cuyos aumentos mecánicos los han elevado por encima de cualquier otro soldado medio del imperio. El cumplimiento armónico de las órdenes de los tecnosacerdotes en el campo de batalla ha despertado la fascinación y la curiosidad de muchos, pero bajo las modificaciones cibernéticas de cada skitarii quedan los restos primeros, la carne, los órganos y los huesos de un guerrero imperial. ¿Y si quedara algo más? ¿Hasta qué punto un skitarii es libre para moverse, pensar o simplemente recordar? El señor de Marte ha puesto sus ojos sobre un cadiano caído en combate, un engranaje más en el complejo entramado de Belisarius Cawl.

Descarga: podéis descargaros el texto en formato PDF haciendo click AQUÍ o en la imagen bajo estas líneas. ¡Buena lectura! Si además queréis dejar vuestra opinión en los comentarios, estaré encantado de saber qué pensáis. Por supuesto se aceptan críticas constructivas.



REFERENCIAS

Si deseáis conocer todos los ganadores y leer sus textos, podéis hacerlo en los siguientes links:





miércoles, 28 de marzo de 2018

Relato: La gracia de Valaya


Ilustración de Blake Henriksen
Thorgal sacó el martillo del río, el agua había limpiado casi toda la sangre y suciedad. Pasó el dedo por la superficie y maldijo. La brecha era ínfima, podía seguir empuñándolo todavía algún tiempo, pero el arma estaba condenada.

Un cuerno resonó en el valle sacándole de sus pensamientos. Lo reconoció al instante, era su regimiento y tocaban para reagruparse. Maldijo otra vez. Se inclinó y esta vez sumergió la cara y las manos en el agua. Estaba fría, pero eso le imprimió nuevas fuerzas. Cargó su martillo al hombro y siguió el sonido del instrumento.

No era ya ningún pipiolo de barba corta, pero aun así Thorgal prefirió no prestar demasiada atención a los cadáveres de sus camaradas caídos, sencillamente eran demasiados. Pronto divisó una centena de enanos agrupándose en torno a los restos del portaestandarte y de una improvisada hoguera. Se unió a sus compañeros buscando entre las sucias barbas alguna cara conocida. Saludó a dos o tres, aliviado de verlos allí, respirando a su lado, pero inmediatamente recordó a Taïnon, su querido amigo de muchas batallas y cervezas, había muerto bajo la zarpa de un trol.

El herrero rúnico también apareció, renqueante, apoyándose en el báculo, pero arrastrando su pierna izquierda con visible dificultad. El herrero echó una rápida ojeada y comprendió que ahora era quien ostentaba mayor rango. Suspiró, cansado, y se dejó caer junto al estandarte.

Thorgal no le conocía, ni siquiera sabía su nombre, pero gracias a él estaban vivos, sin él los hechizos del maldito chamán habrían acabado con todo. Les había procurado el tiempo suficiente para llegar hasta aquel brujo pielverde y aplastar su cráneo contra el suelo. Thorgal ordenó a alguno de los enanos más jóvenes que entablillasen la pierna del herrero, luego le pasó la petaca donde aún quedaban unos tragos de hidromiel. Aceptó de buen grado la bebida y pareció recobrar fuerzas tras dar buena cuenta de ella.

–¿Somos los únicos supervivientes?

–Hay un par de grupos más pasando la vaguada –respondió Thorgal–. Cargarán con los heridos y vendrán hacia aquí.

El herrero se limitó a asentir. Estaba muy concentrado apretando los dientes mientras le fijaban la pierna. Ambos echaron un vistazo al campo plagado de cadáveres enanos y goblins.

–Hemos conservado el paso.

–Volverán –musitó con un quejido el herrero.

–Sí, pero hoy no.

Esta vez lanzó una risa discreta, pero interrumpida rápidamente por la tos:

–No, hoy no.

Alguien les avisó de dos pequeños grupos de enanos acercándose hacía ellos, arcabuceros en su mayoría. El herrero asintió y probó la estabilidad de su pierna inmovilizada. Estuvo conforme. Carraspeó, escupió y elevó la voz hacia el grupo.

–¡Oídme bien! Soy Tarwin del clan Görn, maestro de las runas. Hoy hemos ganado y nuestros compañeros han muerto con honor, nuestro señor ha muerto con honor, que ese sea nuestro consuelo en tan triste victoria. ¡Ahora volveremos a Karak–Norn para descansar y traer carretas que recojan a nuestros muertos!

Thorgal gritó su consentimiento alzando el martillo que tantos años había empuñado en el campo de batalla. El resto de enanos siguieron su ejemplo. Los muertos serían recordados con la dignidad que se merecían, pero ahora se encontraban con sus ancestros y ellos debían recordar que estaban vivos por la gracia de Valaya. El herrero le devolvió la petaca y se fijó en el arma del guerrero.

–Buen martillo –dijo.

–Las cabezas de esos trols son demasiado duras, se ha partido –respondió el enano.

Tarwin comprobó el arma y luego miró a Thorgal un largo minuto. Sonrió por primera vez y le devolvió el martillo.

–Nada que no pueda arreglar cuando regresemos.