Feliz Día del Orgullo Friki 2016: Mis inicios

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Bueno, felicidades a todos, creo que es la primera vez que lo deseo así en “voz alta” pero al haber regresado al mundillo hace poco me hace especial ilusión.

Aprovechando la coyuntura hoy os hablo de mis inicios en este mundo de dragones, magos y mazmorras, que comenzó incluso antes de conocer al que sería mi grupo de rol y wargames. Literatura mediante.

No recuerdo cuál fue mi primera novela de fantasía porque los cuentos siempre estuvieron en mi vida y es difícil hacer una muesca clara en la lista. Lo que sí recuerdo es mi primer libro de “dragones y mazmorras” y fue, como no podía ser de otra manera, con la colección de Planeta DeAgostini que salía por fascículos y cuyos cuarenta y cuatro tomos conservo (y no, no me he leído toda la colección, pero sí aproximadamente la mitad) El primer fascículo venía con El retorno de los dragones de Margareth Weis y Tracy Hickman de la trilogía de La guerra de la Dragonlance, como veis más canónico no se puede ser. Ya por entonces los libros me supieron algo encorsetados, pero los devoré igualmente. Luego me compré la secuela y trilogía Leyendas de la Dragonlance (todos amamos a Raistlin, ¿verdad?) en esa maravillosa edición de Timunmas; y finalmente El ocaso de los dragones, que comprende Los caballeros de Takhisis y La guerra de los dioses, misma edición, que me dejó sin ganas de leer más sobre el mundo de Krynn por una larga temporada. No son libros extraordinariamente bien escritos, pero ofrecen un colorido mundo de fantasía donde el lector es capaz de viajar junto a los personajes, algunos más creíbles y otros menos.

La susodicha colección servía de base perfecta para cualquier colección de fantasía que se precie. Incluía sagas tan canónicas como El Elfo Oscuro, de R.A. Salvatore; Crónicas de Belgarath, de David Eddings; o Ciclo Pendragón, se stephen R. Lawhead, entre otras. 

 Desde un punto de vista estrictamente personal y literario, para mí los más interesantes fueron las Leyendas de la Dragonlance, donde los autores supieron manejar bien el balance de fuerzas entre los personajes. Recuerdo que durante las primeras páginas quedé confundido por el protagonismo de Cáramon y tuve que volver a la trilogía anterior para cerciorarme que era el mismo simplón de esas novelas. La evolución de los gemelos durante toda la historia es un ejemplo muy digno de cómo evitar unos personajes planos (defecto habitual en las novelas de fantasía) La narrativa fluye moderadamente bien, aunque choca contra el personaje de Crysania que, pese a resultar coherente, le falta un mayor protagonismo donde se expliquen mejor sus emociones e impulsos.

Ya para terminar una íntima curiosidad: en La guerra de los dioses, hay un fragmento que aún hace que se me ericen los pelos de la nuca cuando lo leo, por su sencillez, por la capacidad de expresar la personalidad de un personaje en una sala frase. No deseo hacer spoilers, por lo que para los curiosos diré que me refiero al final del capítulo 12, el encuentro entre Astinus y otro personaje, su conversación sobre la alfombra y la confesión de este último personaje mirando absorto más allá de las estanterías.


No, la fantasía no son sólo dragones y hechizos, juega y fabula con el mundo “real” y es capaz de mostrar (quizá mejor que cualquier otro género) algo tan necesario para un chico adolescente como son los sentimientos.

Portada de 'La Guerra de los Enanos' de Leyendas de la Dragonlance. En imagen: Raistlin, Cáramon y Crysania a punto de cruzar el umbral hacia el reino de Takhisis, la diosa oscura. #Dramón

Pinceles II : Tyrant Zaadesh

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Confieso que nunca había tocado la gama de Warmachine/Hordes hasta esta figura. Antes de ir a la tienda me hojeé muy bien la gama de productos de Privateer y Skorne se ganó sangrientamente mi corazoncito por su mezcla estética entre elfos y vampiros. No tenía decidido qué comprar, pero sabía que quería una única figura y Zaadesh se prestó voluntario.
Esta vez preferí salir del esquema de color habitual de Skorne. La armadura fue complicada porque no estoy nada acostumbrado al dorado y es un color muy desagradecido, como podéis ver quedó el trazo muy grueso y desmerece un tanto la miniatura. Finalmente, la pose de la mini invitaba a una peana un poco distinta e improvisé esa roca con corcho. No estoy descontento con el resultado.

La figura se transformó en el regalo de despedida de un buen amigo (voló por trabajo) que siempre había tenido curiosidad por lo que pintaba. Creo que le gustó, ya he regalado miniaturas en otras ocasiones especiales y me parece un detalle muy personal, no tanto por el valor monetario sino por las horas que se le echa.


Creo que nadie puede negar que los escultores de Privateer son una maravilla, pero al juego le pesa su precio. En su momento me planteé empezar a jugar (en esta ciudad hay una comunidad amplia y en mi tienda habitual hacen partidas todas las semanas) pero finalmente, entre que el precio no me convencía y mi falta de tiempo real, preferí dedicarme a otras cosas. Eso sí, estoy seguro de que tarde o temprano caerá alguna que otra figura. Me encantan Zaal, el defensor (¿?) ancestral, también de Skorne; el Equipo de asalto de magos pistoleros Black 13th (estas traducciones son agotadoras) de Cygnar; y esa maravilla que es El heraldo de Menoth, de la facción Protectorado de Menoth. Caerán, tarde o temprano caerán.

Dando una vuelta

Los Wargames y yo

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Mi primer ejército fue de Altos Elfos,
con ellos aprendí el sufrimiento de
pintar ropa blanca
Mi historia con los wargames nunca fue muy intensa. En mi grupo de amigos de la adolescencia preferíamos gastar nuestro tiempo en rol, Warhammer fue algo accesorio y no creo haber jugado mas de veinte o treinta batallas con el reglamento de sexta, tanto en los típicos trasteros incómodos donde apenas podíamos movernos cuan las mesas, las figuras y los trastos, como en las (mas bien la, en singular) tienda. Aunque esta parte nunca fue muy destacada si que siempre fui un fiel seguidor del trasfondo y las novedades, tengo una nutrida colección de White dwarf que lo demuestra. También me gustaba pintar y esta parte si la mantuve en el tiempo con mayor o menor frecuencia, al menos hasta el parón de hace un lustro. Me mudé al extranjero y los tres primeros años fueron de adaptación, estudio y trabajo, hubo muchos cambios en mi vida.

Volví al hobby un día por necesidad, ya os lo conté en el post sobre el orco paracaidista, necesitaba hacer algo con las manos para espejar la mente. En estos dos últimos años he pintado a ratos y me he metido mucho en el mundo de los blogs, aunque vosotros no lo supierais yo estaba ahí leyéndoos con gran placer, así he visto El fin de los tiempos, he conocido Warmachine (en Francia tiene (me parece) mas aceptación que en España) he asistido al nacimiento de la Age of Sigmar, the power of the spanglish, a las distintas alternativas surgidas del descontento popular (confieso que Warhammer Reforged es mi preferida, son muchos, muchos años leyendo La Biblioteca del GranNigromante, si algún día vuelvo a jugar grandes partidas será con esas reglas) y por fin Frostgrave.


En inicio Frostgrave fue uno más, pero luego su sencillez en tanto que juego de escaramuzas, la historia pegadiza y demás hicieron que algo hiciera clic en mi interior. Cuando me enteré de su publicación por HT publishers en español estuve tan atento que llegué cuando nadie había participado aun en la campana, al 0 por ciento, pero en ese momento no me atreví a pujar, fue unas horas después, cuando solo llevaba unos cientos de euros recaudados y todo ese día asistí con mucha ilusión a su crecida hasta alcanzar el primer objetivo.

A estas alturas ya me he ventilado el PDF y espero con ganas el ejemplar físico, además de todos los regalitos. Me parece el juego perfecto para iniciar a los amigos curiosos y ya tengo un par dispuestos a descubrir la ciudad helada dirigidos en una campaña por mí. Pero eso será más adelante, cuando tenga la copia física, por ahora me dedico a preparar escenografía y pintar. Os enseñaré estos proyectos poco a poco en el futuro y, supongo, que este blog estará esencialmente ligado a este juego, al fin y al cabo, si yo he vuelto por estos mundillos es esencialmente por él.

No me queda mucho mas que decir, gracias a HT publishers por el mimo con el que han tratado este juego, un wargame que no sabe simplemente a ‘oldhammer’ o viejos tiempos, sino que respira por los cuatro costados la magia (nunca mejor dicho) de ser un juego con un concepto muy puro, enfocado a la diversión.


Si queréis haceros con un mapa para viajar a la olvidada y maldita ciudad de Felstad aun podéis contribuir a la campaña de HT publisher hasta el 6 de Junio. Tenéis el link aquí mismo o en la columna de la derecha. Pensad que «algún día, los jóvenes aprendices alzarán sus ojos sobre ti y preguntarán ¿tú estuviste allí? y dirás, "sí... yo soy veterano de la campaña de Frostgrave”»

Hechiceros como protagonistas, muerte de miniaturas asegurada y toda una ciudad helada para explorar ¿A qué esperáis? Preparad el macuto, en Frostgrave encontrareis la gloria o un final espectacular.

Pinceles I : Orco paracaidista

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Tras mucho tiempo alejado del hobby de manera activa lo he retomado hace año y medio por pura necesidad. Demasiado trabajo mental me invitaba a una ocupación tranquila que me permitiera hacer algo con las manos y relajarme. El problema es que me he mudado a unos mil quinientos km de la casa de mis padres, donde descansan las cajas/ataúdes de mis miniaturas sin pintar. Así que, impulsado por esas renovadas energías me dirigí a una tienda de mi ciudad y adquirí una caja de pintura básica de The Army Painter que incluía este orco paracaidista de Kromlech. Era perfecto para retomar el hábito y además la miniatura me encantaba. Para agrandar la imagen ya sabéis, click sobre ella.

Podéis ver el resultado, soy un pintor amateur con una cámara fotográfica amateur, pero para llevar tres años sin tocar un pincel y ocho sin hacerlo de manera habitual, me he quedado más que satisfecho.

Decidí seguir el esquema “sugerido” en la imagen oficial, el amarillo destaca bien con el verde orco, pero con las correas preferí grises, caprichos de uno, oigan. Imprimación negra siempre, luego para la ropa una base naranja (Pure Red 50% Demonic Yellow 50%) y lego capa más capa añadiendo progresivamente Demomic Yellow sin cargar demasiado el pincel, la última mezclada con una pizca de Matt White. Para las correas una mezcla de gris, la cara con Greenskin no demasiado cargado, iluminado luego mezclando con algo de blanco; las cremalleras sencillamente en Plate Mail Metal; botas y casco mezclando Leather Brown 75% y Pure Red 25%. Finalmente lavados de Strong Tone por aquí y por allá, ojitos tiernos de Pure Red, gafas jugando con el Ultramarine blue y Matt White, un poco de decoración en la peana et voilà: el orco patrón de los freaks perdidos.

Aunque pueda parecer sentimental esta miniatura tiene un lugar especial en mi estantería. Nunca me habían llamado la atención los pieles-verde, pero la estética pseudonazi que Kromlech ha puesto en esta gama mola un montón, además de su sana ironía histórica… Total, que es muy posible que me pille alguna miniatura más por el simple placer de pintarlas. Me han encandilado el Cirujano, el Comandante de tanque, el Capataz del IronReich con “sabueso Gnaw” (un garrapato, vaya) y sobre todo el Comisario. De momento mis proyectos van por otros derroteros… ¡Pero algún día!